¡Erecciones! ¡Eyaculaciones! ¡Perversiones! Reunimos una decena de temazos de alto voltaje erótico –por momentos, pornográfico– en una 'playlist' no apta para mojigatos.
Por Luis Landeira
Revista Rolling Stone
Stray Cat Blues
(The Rolling Stones, 1968)
No es ningún secreto: en su día, muchas amantes de los Rolling Stones eran menores de edad. Y ellos les dedicaban canciones como ésta, incluida en el LP Beggars banquet. Sobre unas guitarras velvetianas, un piano de whiskería y un viscoso melotrón, Mick Jagger narra con pelos y señales sus ratos de cama con una groupie de 15 años: “You’re a strange stray cat/ Bet your mama don’t know you scream like that/ I bet your mother don’t know you spit like that/ Bet your mama don’t know that you scratch like that/ Bet she don’t know you can bite like that”. (“Eres una rara gata callejera/ Apuesto a que tu mamá no sabe que gritas/ escupes/ arañas/ muerdes así”). La rebelión de las hormonas.
Whole Lotta Love
(Led Zeppelin, 1969)
Los sociólogos Frith & McRobbie describieron a Led Zeppelin como “la quintaesencia del cock-rock”. O sea, rock-polla. La etiqueta le queda como un guante a las fálicas creaciones de esta banda de vikingos británicos. Un buen ejemplo es Whole lotta love, temazo que se cimienta en uno de los riffs más célebres de la historia y en un agresivo desarrollo instrumental. Sobre esta base, Robert Plant grita amor cuando quiere decir sexo: “Way, way down inside/ I’m gonna give ya every inch of my love” (“Hasta el fondo/ Te voy a dar cada centímetro de mi amor”). Y aún añade: “I wanna be your backdoor man” (“Quiero ser tu hombre de la puerta de atrás”). En fin, todo un canto a la sodomía.
Closer
(Nine Inch Nails, 1994)
Como todo el disco The downward spiral, esta canción se grabó en la casa donde la familia Manson mató a Sharon Tate. Tal vez por eso, supura malas vibraciones. Pero lo cierto es que convirtió a Trent Reznor en una auténtica superestrella del rock industrial, gracias a su chirriante sonido y a una sarta de obscenidades capaces de sonrojar a la mismísima Madonna: “You let me desecrate you/ You let me penetrate you/ You let me complicate you / I wanna fuck you like an animal” (“Déjame profanarte/ Déjame penetrarte/ Déjame complicarte/ Quiero cogerte como una bestia”). Para sonar en ciertas emisoras, la casa de discos tuvo que editar un sencillo especial sin la palabra “fuck”.
Why Don’t We Do it in The Road
(The Beatles, 1968)
Los Beatles eran unos niños buenos hasta que, en 1964, Bob Dylan los inició en el consumo de estupefacientes. Cuatro años después, grabaron el White album. A él pertenece esta invitación al sexo espontáneo, donde un McCartney poseído por el blues exclama una y otra vez: “No one will be watching us/ Why don’t we do it in the road?” (“Nadie nos verá / ¿Por qué no lo hacemos en la carretera?”). La canción fue compuesta por Paul en la India, tras contemplar a un par de monos apareándose en plena calle: “Pensé que para ellos era muy simple el acto de procrear, mientras que nosotros los humanos tenemos terribles problemas emocionales al respecto”, explicó en una entrevista.
Anything Goes
(Guns N’Roses, 1987)
En la portada original de Appetite for destruction, aparecía el dibujo de un chica recién violada por un robot con gabardina. Y en su interior, trallazos de sleaze rock como Anything goes, una perla venérea escupida desde el fondo de la garganta de Axl Rose: “Panties ‘round your knees/ With your ass in debris/ Doin’ dat grind with a push and squeeze/ Tied up, tied down, up against the wall/ An’ we can do it all” (“Las bragas alrededor de tus rodillas/ Con tu culo reventando/Machacándote, frotándote y apretándote/Atada de manos, atada de patas, en pie contra la pared/ Sé mi muñeca de goma/ y haremos de todo”). Y con estos mimbres, vendieron 28 millones de discos.
I Wanna Be Your Dog
(The Stooges, 1969)
Un riff demoledor, un piano monocorde y la lengua bífida de Iggy Pop retorciendo turbias palabras de sumisión sexual: “I’m ready to feel your hand/ and now I wanna be your dog” (“Estoy listo para sentir tu mano/ y ahora quiero ser tu perro”). Incluida en el álbum de debut de los Stooges, I wanna be your dog dejó una húmeda huella en la historia del rock. No en vano, sería reinterpretada por grupos como los Sex Pistols, Sonic Youth, Parálisis Permanente... y las Vulpess, que la transformaron en el descacharrante himno punk Me gusta ser una zorra.
Darling Nikki
(Prince and The Revolution, 1984)
Alternando calma chicha con orgásmicas descargas eléctricas y vocales, el sátiro de Minneapolis nos cuenta cómo es seducido por una ninfómana con la que se tropieza en extrañas circunstancias: “Conocí a una chica llamada Nikki,/ podríamos decir que era adicta al sexo/ Me la encontré en la recepción de un hotel/ masturbándose con una revista”. Cuando salió, la canción fue un escándalo y desató las iras de la censora Tipper Gore (esposa de Al Gore), que crearía la famosa pegatina “Parental Advisory”. Hoy, es un clásico del rock erótico cantado por artistas como Foo Fighters y Rihanna.
X Offender
(Blondie, 1976)
Al principio, se titulaba Sex offender. Fue compuesta por el bajista Gary Valentine y hablaba de un teenager detenido por fornicar en público. Pero Deborah Harry, cantante del grupo y sex symbol nueva olera, la transformó en la historieta de una prostituta que se encapricha con el policía que la esposa: “With your badge and rubber boots/ I think all the time how I’m going to perpetrate love with you/ And when I get out, there’s no doubt I’ll be sex offensive to you” (“Con tu placa y tus botas de cuero/ Pienso todo el rato cómo voy a perpetrar el amor contigo/ Y en cuanto me suelten, seguro que cometeré delitos sexuales contra ti”). Lo de cambiar el “Sex” del título por una simple “X” fue cosa de la discográfica.
Venus in Furs
(The Velvet Underground, 1967)
“Shiny, shiny, shiny boots of leather/ Whiplash girlchild in the dark/ Comes in bells, your servant, don’t forsake him/Strike, dear mistress, and cure his heart” (“Botas de cuero brillantes, brillantes, brillantes/ La chica del látigo en la oscuridad/ Se acerca con campanillas, tu esclavo, no lo abandones/ Azótalo, querida ama, y cura su corazón”). Así empieza Venus in furs, una hipnótica apología del sadomasoquismo escrita por Lou Reed tras leerse el libro Venus im Pelz de Sacher-Masoch. La música es, también, puro BDSM: voz cavernosa, guitarras distorsionadas, ritmo marcial a bombo y pandereta... Y azotando el aparato auditivo, la lacerante viola de John Cale. Un doloroso placer.
Bob’s Yer Uncle
(Happy Mondays, 1990)
Pastis, raves, suburbios y resacones. Neopsicodelia, rock, house, funk y northern soul. Eran los elementos esenciales del disco Pills ‘n’ thrills and bellyaches, apoteosis del sonido Madchester. Y luego estaba el sexo. Ese sexo paranoico, orgiástico y surreal que rezuman canciones como Bob’s yer uncle: acompañado por ritmos ardientes y coristas negras en celo, Shaun Ryder suelta: “Four fall in a bed, three giving head, one getting wet”. (“Cuatro caen en una cama, tres chupan y una se moja”), entre otras lindezas. Por cierto, la remezcla del maxi llevaba extra de gemidos pornográficos.
Soft as Snow (but warm inside)
(My Bloody Valentine, 1988)
“Suave como la nieve, pero caliente por dentro”. Ni un poeta hubiera descrito mejor el tacto de una vagina. La canción, que abre el primer LP del cuarteto irlandés, resume una arrebatada cópula entre Kevin Shields (líder del grupo) y Bilinda Butcher (co-guitarrista, co-letrista y co-vocalista) entre oleadas de shoegazing onírico: “Fingertips are burning/ Can I touch you there/ Bring me close to ecstacy/ High away to heaven/ And I’m coming too/ Feel the big happy, you’re exploding me” (“Arden huellas digitales/¿Puedo tocarte ahí?/ Hazme rozar el éxtasis/Tan alto como el cielo/Yo me corro también/ Siente la inmensa felicidad, me haces explotar”). Como diría Michael Douglas, el polvo del siglo.
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