miércoles, 1 de noviembre de 2017

Los más grandes conciertos de los últimos 50 años: Cuarta Parte

Hay conciertos que marcaron un antes y un después en el mundo de la música, que cambiaron la forma de tocar en vivo. Estos son los más impactantes.

Fuente: Rolling Stone

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GIRA ZOO TV DE U2 ENTRE 1992 Y 1993
Para su primera gira de los 90, la banda de rock más grande del mundo tenía una sola meta: reinventarse completamente como show en vivo. U2 le acababa de dar a su música una transformación a gran escala con Achtung Baby de 1991 —una fusión innovadora de rock, pop, grooves electrónicos de dance y krautrock— y necesitaba una gira que reflejara este nuevo sonido estilizado y provocador. “Nos atraía cualquier cosa que nos diera la oportunidad de alejarnos de la seriedad de Joshua Tree porque se estaba volviendo sofocante”, dice The Egde.

La noción de U2 como heredera de la misión social del rock había sido un punto central de su estrellato en los 80. Pero la banda tenía claro que esto estaba fuera de tono con una era definida por grupos como Nirvana y Pearl Jam, quienes tenían un ojo escéptico respecto al heroísmo del estilo de Joshua Tree. Para Achtung Baby, U2 estaba lista para relajarse y hacer una fiesta bailable, subversiva y llena de imágenes multimedia que rompían con la marcada austeridad de sus escenarios de los 80.

“La gira fue concebida al mismo tiempo que el álbum”, recordó Bono en 2005. “Los shows radiales mañaneros [conocidos como zoo radio] eran un fenómeno antes de los realities, y contaban con personajes irreverentes como Howard Stern. Era una radio agresiva y cruda que precedió a The Jerry Springer Show. El mundo se estaba cansando de la ficción… Queríamos hacer una gira que hiciera referencia a ese fenómeno de realidad e irreverencia.

La extensa cobertura de los canales noticiosos era parte de la cotidianidad a comienzos de los 90; durante la Guerra del Golfo, las imágenes de los misiles sobre Irak se convirtieron en el entretenimiento a la hora de la cena. U2 básicamente convirtió el set de Zoo TV en una instalación artística posmoderna que reflejaba la cacofonía adormecedora de la televisión por cable, mientras tocaba ante un mosaico de pantallas que mezclaba imágenes de guerra con comedias clásicas y programas de cocina.

Mientras tanto, Bono ingenió un novedoso y astuto personaje para que hiciera juego con el nuevo escenario. Se ponía una chaqueta de cuero al estilo Elvis, gafas negras y pantalones de cuero que evocaban a Jim Morrison. Tomó su amalgama de estrella de rock y creó un personaje llamado The Fly. “Cuando me pongo esas gafas cualquier cosa puede suceder”, le dijo el cantante a ROLLING STONE. “El personaje está al borde de la locura. Es megalomanía y paranoia”.

Zoo TV comenzó en Florida el 29 de febrero de 1992. Si el escenario y la imagen salvaje de Bono no eran suficientes señales de que se trataba de un nuevo U2, la banda sorprendió tocando ocho canciones consecutivas de Achtung Baby. “A la gente le gustó”, le dijo Bono a ROLLING STONE más adelante ese mismo año. “En el primer show no sabíamos cómo sería la reacción. Pero tuvimos un buen recibimiento. Creo que nuestro público es inteligente y espera que juguemos con él un poco. En Rattle and Hum tuvieron que tragarse el blues, ¡por Dios! Pueden resistir”.

La primera etapa de la gira coincidió con la campaña presidencial, y todas las noches Bono llamaba a la Casa Blanca y preguntaba por el presidente Bush. “La Operadora Dos y yo teníamos una estupenda relación”, dijo Bono. “Ella trataba de ocultarlo, pero me podía dar cuenta de que se ponía muy contenta cuando la llamábamos noche tras noche”.

Bush nunca aceptó la llamada, pero un joven gobernador de Arkansas estaba feliz de hablar con la banda. U2 se reunió con Bill Clinton en Chicago en septiembre de 1992 durante la gira y, desde ese momento, comenzó una relación duradera. El entonces presidente fue indiferente. “No tengo nada en contra de U2”, le dijo Bush a una multitud en Bowling Green, Ohio, ese mes. “Puede que ustedes no sepan esto, pero me han tratado de llamar a la Casa Blanca todas las noches durante sus conciertos. Así que la próxima vez que enfrentemos una crisis de política exterior, yo trabajaré con John Major y Boris Yeltsin, y Bill Clinton podrá asesorarse con Boy George”.

En cuanto a los teloneros, U2 escogió artistas que reforzaran la idea de la banda como un punto de encuentro para el pop en una era cada vez más fragmentada; desde Public Enemy, los Ramones y Velvet Underground hasta Pearl Jam. En un comienzo, Eddie Vedder fue escéptico con la escala de Zoo TV, pero luego aceptó. “Finalmente entendí que ellos no estaban tomando estas decisiones por moda o simplemente siendo inteligentes”, dijo Vedder. “Era una especie de edicto que habían creado como nueva filosofía para el grupo, con la que realmente querían explorar las formas de conectarse con la gente en un nivel más grande”.

Durante una pausa a comienzos de 1993, U2 grabó Zooropa y expandió los experimentos de Achtung Baby. Al retomar la gira, Bono concibió otro personaje: MacPhisto, una figura diabólica con la cara pintada de blanco y cuernos. “El personaje era un instrumento para decir lo contrario a lo que uno quería decir”, dice The Edge. “Un momento destacado fue cuando llamamos al ministro de Pesca de Noruega, el joven Jan Henri Olsen, para felicitarlo por la caza de ballenas, que a pesar de ser ilegal en la Unión Europea, era permitida en Noruega. Olsen aceptó la llamada e incluso invitó a Bono a comerse un filete de ballena con él”.

Esas llamadas se volvieron una parte importante de cada presentación —algunas veces Bono pedía pizzas para el público; en otra ocasión llamó a Madonna, pero ella no le contestó—. A medida que los lugares en donde tocaban se volvían más grandes, U2 mantenía la intimidad agregándole al show un miniset que se desarrollaba en un pequeño escenario.

Las pantallas de video de pared a pared también sentaron un precedente para todos los espectáculos de pop subsiguientes; desde la gira Monster Ball de Lady Gaga hasta Glow in the Dark de Kanye West. “Zoo TV no era un set, era un estado mental”, dice The Edge. A Bono la experiencia le cambió la vida: “He tenido que dejar de ‘no beber’. He tenido que fumar sin parar. He aprendido a no ser sincero. He aprendido a mentir. ¡Nunca me he sentido mejor!”. 




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RADIOHEAD EN GLASTONBURY EL 28 DE JUNIO DE 1997
La escena con la que se encontró Radiohead en el Festival Glastonbury de 1997 parecía más una zona de guerra que un concierto. Había llovido durante días, y esto había hecho que los 90 mil asistentes al remoto campo de Somerset, Inglaterra, vivieran como refugiados en un monsón.

Dos escenarios se hundieron en el lodo, y a unos cuantos fanáticos les dio una enfermedad conocida como “pie de trinchera”. Al comienzo del set de Radiohead, el monitor de Thom Yorke se fundió. La iluminación lo estaba encandelillando y no podía ver ni tocar bien —todo eso sumado al hecho de no escucharse—. “Si hubiera encontrado al tipo que manejaba el sonido ese día hubiera ido tras bambalinas y lo hubiera estrangulado”, le dijo Yorke a un periodista. “Todo estaba mal. Todo había estallado”.

Semanas después de lanzar OK Computer, el álbum que definiría su carrera, parecía que Radiohead iba a tener una terrible presentación como artista principal en el festival de música más grande del mundo. Sin embargo, el caos inspiró una de las presentaciones más memorables de la banda. La rabia se apoderó de Yorke toda la noche, lo que le inyectó fuego a ocho canciones de OK Computer, y a casi todo The Bends (incluso tocaron una versión de su primer éxito Creep a petición del público). “Al final, me bajé del escenario realmente listo para matar”, dijo. “Y mi novia me agarró, me paró y me dijo: ‘¡Escucha!’. La multitud estaba enloquecida. Fue increíble”. En 2006, recibió la votación como el mejor concierto de la historia británica según la revista Q. 




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GIRA DE SLEATER-KINNEY POR EE. UU. EN 1997
A comienzos de 1997, la nueva banda más emocionante del rock era un trío de mujeres que manejaban su propia camioneta por todo el país, solo con su amigo Tim como roadie. “Cuando llegábamos a los bares nos decían: ‘¿Ustedes son la banda? ¿Solo ustedes, chicas?’”, dice la cantante y guitarrista Corin Tucker. Pero al tocar canciones de su álbum Dig Me Out, el grupo derrumbó la formalidad de la escena de rock indie con un exuberante punk rock desenfrenado. “En Atlanta, 10 mujeres se subieron al escenario, se quitaron sus camisetas y bailaron con nosotras”, dice la colíder Carrie Brownstein. “No sé si hayan sentido esa libertad antes, y me siento muy orgullosa de haberles dado la banda sonora para hacer eso”. 




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GIRA DE PEARL JAM POR EE. UU. EN 1998
Hacia mediados de los años 90, Pearl Jam estaba en serio peligro de derrumbarse, debido a las tensiones dentro de la banda y a una guerra contra Ticketmaster, que prácticamente les había impedido hacer giras. Pero comenzaron de nuevo con el acertado Yield, además, al salir de gira con su nuevo baterista, Matt Cameron de Soundgarden, los conciertos cumplieron con la promesa de ser uno de los mejores shows en vivo de la historia del rock. Las nuevas canciones (Given to Fly, Do the Evolution) se volvieron las favoritas del público instantáneamente, y clásicos como Alive sonaban más grandes que nunca. “Estamos recuperando el tiempo perdido”, le dijo Eddie Vedder al público una noche. “Gracias por esperar”. 




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PHISH EN BIG CYPRESS EL 31 DE DICIEMBRE DE 1999
Para Trey Anastasio, este inmenso festival de una sola banda en una reserva indígena del sur de la Florida, “fue el clímax” de la primera etapa de la banda. “Hubo 80 mil asistentes provenientes de todo lado, y prácticamente nada salió mal”, dijo. El último set del festival comenzó cerca de la medianoche , y duró más de siete horas, en las que se pudieron apreciar los diferentes aspectos de Phish; una singular mezcla de excentricidades a modo de broma e improvisaciones de alto nivel. Hacia el final, hubo una toma inolvidable de la sección del Amanecer de Así habló Zaratustra, tocada mientras salía el sol. “Nunca escucharé esa grabación porque sería una decepción en comparación a como fue realmente”, dijo Anastasio. “Cuando salió el sol y el cielo resplandeció de rosado, fue un momento indescriptible”. 




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BRIAN WILSON EN THE ROYAL FESTIVAL HALL EL 20 DE FEBRERO DE 2004
Durante décadas, Brian Wilson evitó hablar de Smile, el álbum psicodélico que concibió bajo el estrés causado por las drogas y los problemas psiquiátricos luego de Pet Sounds de los Beach Boys. Sin embargo, en un show de Pet Sounds de 2002 en Londres alguien le dijo al promotor: “¿Cómo podremos igualar esto?”. Así, surgió la idea de hacer una gira de Smile. “Todos sonreímos”, dice el teclista de Wilson, Darian Sahanaja. 20 meses después, luego de sumergirse en las viejas grabaciones de Smile, Wilson se subió al escenario y finalmente cumplió con su promesa de varias décadas de “una sinfonía adolescente para Dios”, y le dio vida al álbum inédito más famoso del rock. Desde las primeras armonías celestiales de Our Prayer gran parte del público tenía lágrimas en los ojos. Posteriormente, tras bambalinas, Wilson gritó: “¡Lo logré!”. 




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GIRA ALIVE DE DAFT PUNK ENTRE 2006 Y 2007
Los primeros shows en vivo de dance electrónico eran básicamente uno o dos tipos moviendo sus cabezas detrás de computadores portátiles. Todo eso cambió en Coachella, el 29 de abril de 2006, cuando Daft Punk reveló el espectáculo musical más deslumbrante de su género. En la recalentada, oscura y abarrotada Tienda del Sahara del festival, dos figuras robóticas con cascos —Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo— estaban dentro de una pirámide de aluminio (de un poco más de 7 metros) cubierta de paneles LED de alta intensidad interpretando su catálogo como un megamix ante casi 40 mil fans. “Nunca nos habíamos sentido tan sincronizados”, dijo Bangalter. Lo que podría haber sido un único show legendario se convirtió en una gira en 2007 que deslumbró a miles en Europa, Estados Unidos, Japón y Australia, inspirando los gustos de Skrillex y un gran número de músicos. 




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GIRA MUNDIAL DE LEONARD COHEN ENTRE 2008 Y 2013
Comenzó como una misión de rescate financiero. Luego de que Cohen se enterara, a los 70 años, de que su mánager —y alguna vez amante— había huido con casi todos sus ahorros, se dio cuenta de que su única oportunidad de reponer sus fondos era saliendo de gira. El músico no sabía cuántos fans tenía, así que en un comienzo solo accedió probar unas fechas en algunos pueblos remotos de Canadá. Aunque nunca le habían entusiasmado mucho las giras, Cohen era un cantante único y carismático en vivo. Incluso esos primeros shows se extendían por más de dos horas y mezclaban unos novedosos y elegantes arreglos de clásicos de los 60 como Suzanne y Bird on the Wire con canciones más recientes como Waiting for the Miracle y Boogie Street. Su voz se había vuelto mucho más profunda, pero eso solo le daba más autoridad y carácter. “Es como si te estuviera susurrando al oído”, dice Sharon Robinson, corista suya durante varios años.

Los shows eran espectaculares, y la voz se regó con rapidez. Para 2009, Cohen estaba agotando entradas en toda Europa, y eventualmente comenzó a llenar escenarios de 20 mil asientos en los EE. UU., incluyendo al Madison Square Garden. La gira llegó a tener 387 shows en cinco años. Incluso mientras estaba próximo a cumplir 80 años, seguía sumando nuevas canciones y haciendo shows de hasta tres horas y media en los que, en algunas ocasiones, bajaba del escenario antes del encore. “Leonard era muy bueno conservando su fuerza, bloqueando distracciones y dándole prioridad a su energía”, dice Robinson. “Tenía un estilo de vida casi monástico, aunque no era un verdadero monje”.

Cuando dio su último concierto en Auckland, Nueva Zelanda, Cohen había dejado de ser un artista de culto y se había convertido en un ícono intergeneracional. Después de cerrar esa presentación con una vívida versión de Save the Last Dance for Me, se quitó el sombrero, hizo una venia y se bajó del escenario sonriendo. “Quiero agradecerles”, les dijo a los asistentes. “No solo por esta noche, sino por todos los años que le han prestado atención a mis canciones”. 




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CONCIERTO DEL 25.° DEL ANIVERSARIO ROCK AND ROLL HALL OF FAME EL 29 Y 30 DE OCTUBRE DE 2009
La idea era celebrar el vigesimoquinto aniversario del Rock and Roll Hall of Fame con los artistas más importantes de la historia. “Sabía que el aniversario tenía potencia”, dijo el presidente del Hall of Fame Foundation (y fundador de ROLLING STONE) Jann Wenner. “Creo que nos habíamos ganado el derecho y la responsabilidad de hacer esto. Era una oportunidad que no podíamos perder”. Los organizadores estaban decididos a hacer un show más ambicioso que cualquier megashow que se hubiera hecho en el pasado, mientras se capturaba el espíritu íntimo y colaborativo de las ceremonias de inducción anuales y se contaba la historia del rock & roll. “Me la pasaba diciendo: ‘Si solo van a ser miniconciertos de grandes éxitos, me parece aburrido, ¿qué podemos ofrecer que no se pueda ver en ningún otro lado?’”, recuerda el coproductor Robbie Robertson.

Los shows, celebrados durante dos noches en el Madison Square Garden de Nueva York, eran el sueño de cualquier fanático del rock, en el que todos los artistas ofrecían sets inolvidables y emotivos, inspirados, sin duda, por la presencia de muchos de sus colegas y la grandiosidad del evento. Bruce Springsteen y la E Street Band, quienes fueron los encargados de cerrar la primera noche, ofrecieron una interpretación del más alto nivel y se convirtieron en un espectáculo de soul mientras acompañaban a Billy Joel, John Fögerty, Tom Morello y Darlene Love. U2 volvió a traer a Springsteen la siguiente noche, pero el momento más grande llegó hacia el final de su set, cuando tocaron Gimme Shelter y —de la nada— apareció Mick Jagger en el escenario para deleitar a un público atónito.

La primera noche comenzó con un guiño a los orígenes del rock: Jerry Lee Lewis tocó Whole Lotta Shakin’ Goin’ On. Luego vinieron Crosby, Stills & Nash (acompañados de Bonnie Raitt, Jackson Browne y James Taylor), Stevie Wonder (junto a Smokey Robinson, John Legend, B.B. King, Sting y Jeff Beck) y unos estupendos Simon and Garfunkel. La noche de cierre, Aretha Franklin cantó con Annie Lennox y Lenny Kravitz; Jeff Beck tocó junto a Buddy Guy, Billy Gibbons y Sting; Metallica acompañó a Ray Davies, Ozzy Osbourne y Lou Reed. “Para muchos de los que estamos aquí, el rock & roll tiene un significado: liberación. Liberación política, sexual, espiritual”, dijo Bono en el escenario, antes de que Sprinsteen lo interrumpiera con el otro lado de la ecuación: “¡Divirtámonos con eso!”. 




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LCD SOUNDSYSTEM EN MADISON SQUARE GARDEN EL 2 DE ABRIL DE 2011
“Es su concierto”, gritó James Murphy, líder de LCD Soundsystem, a un Madison Square Garden repleto. El iracundo adiós del adorado grupo de Murphy fue El último vals para la escena dance rock de New York en la primera década de los 2000. “Pensé que sería muy triste”, recuerda Nancy Whang, teclista y vocalista del grupo. “Pero fue divertido. Había una gran energía”. Los asistentes bailaron hasta el cansancio con la música del setlist de LCD. Tras solo dos meses preparando un espectáculo de casi cuatro horas, con la participación de un coro, una sección de vientos y una nave espacial destartalada, el grupo sacó adelante una producción espectacular que superó las expectativas. “Estaba unido por chicle y cuerdas”, admitió Whang. La noche (grabada para la película Shut Up and Play the Hits de 2012) terminó con una avalancha de globos, que culminó el sueño de la banda de presentar “el mejor funeral de la historia”. 




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GIRA WATCH THE THRONE DE JAY Z & KANYE WEST ENTRE 2011 Y 2012
“Lo siento si este es su primer concierto”, le dijo Kanye West a un público en Los Ángeles en la gira Watch the Throne. “A partir de aquí todo irá cuesta abajo”. Para promocionar su exitoso LP de 2011, Watch the Throne, Jay Z y Kanye reunieron la cumbre de superestrellas más grande de la historia del hip-hop. El dúo actuó en cubos gigantes que proyectaban videos, y cuando la gira llegó a París cerraron con su hit Niggas in Paris 12 veces seguidas. “El público quería más”, dice el diseñador de la iluminación Nick Whitehouse. “La gente enloqueció”. 




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GIRA ON WITH THE SHOW DE FLEETWOOD MAC ENTRE 2014 Y 2015
El regreso de Christine McVie a un show en vivo de Mac, 16 años después de su retiro, fue una presentación de otra dimensión. El solo de guitarra de Lindsey Buckingham en Go Your Own Way fue una cosa de otro mundo. Stevie Nicks parecía poseída durante el exorcismo nocturno de Rhiannon, y las tres voces en Little Lies se alinearon a la perfección. Fue toda la magia de 1977 sin las drogas pesadas y las telenovelas sexuales. 




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GIRA 1989 DE TAYLOR SWIFT EN 2015
“No me verán tocando el banjo”, le advirtió Taylor Swift a ROLLING STONE al comienzo de su gira mundial 1989. En sus giras Speak Now y Red, reclamó su territorio por las carreteras del country, del pop y rock clásico. Llamó la atención con sus nuevas canciones New Romantic y Blank Space (“música pop desvergonzada”, como la describe ella), pero no se sobreexpuso emocionalmente como lo suele hacer; abrió su corazón en intermedios confesionarios y baladas como Clean. Swift le apuntó a un estilo más glam en el escenario, reflejando su madurez musical y contando con invitados de primer nivel: en Nashville la acompañó Mick Jagger y en Los Ángeles llamó a Beck, St. Vincent, Justin Timberlake, Chris Rock y Alanis Morissette. La combinación resultó siendo una asombrosa visión del pop contemporáneo. 




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FORMATION TOUR DE BEYONCE EN 2016
Beyoncé marcha en tacones por el campo del Levi’s Stadium en Santa Clara, California, envuelta en municiones y seguida de bailarinas disfrazadas al estilo Pantera Negra, y canta Formation en el Super Bowl de 2016, en una actuación especial e incluso más agresiva que la de 2013. Fue la obertura a una gira que redefinió la escenografía en los conciertos a gran escala. “Tenía un panorama completo de lo que quería”, dice Steve Pamon, el jefe de operaciones de la disquera Parkwood Entertainment. “No solo en términos de negocio, sino del tipo de experiencia que queríamos darles a los fans”.

Cuatro días antes del comienzo de la gira, Beyoncé lanzó de manera sorpresiva el exitoso álbum Lemonade. El escenógrafo británico Es Devlin, quien había trabajado recientemente con Kaney West y U2, creó una intimidad espectacular en sus conciertos que encajó a la perfección con los temas personales del álbum. En la mitad de la tarima había un monolito de 21 metros construido con pantallas que proyectaban el show —una vista privilegiada para cada uno de los asistentes—. En su debut en Miami, la cantante se lució con Crazy in Love y Bootylicious, vestida con un enterizo rojo de látex y botas del mismo color, como toda una emperatriz animé. El ritmo del concierto disminuyó con canciones lentas como Mine, una meditación de amor, en la que el monolito se separa en dos para la aparición de varios bailarines que se suspenden en el aire, mientras Beyoncé y su escuadrón ascienden desde el fondo del escenario. Al final del show, una pasarela que se conecta con la tarima principal se convierte en una piscina poco profunda, en la que Beyoncé y sus acompañantes salpican al público en un momento bautismal, que representa el paso de traición a renacimiento en Lemonade.

Su gira mundial comenzó por la época de la muerte de Prince, a quien rindió un homenaje en Minneapolis con un cover de The Beautiful Ones ante un público fascinado. “Esa gira está por encima de la de cualquier artista”, dice Pamon. 

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