domingo, 25 de noviembre de 2012

El pasado 24 de Noviembre se cumplieron 21 años de la muerte de Freddie Mercury, el hedonista

El líder de Queen falleció el 24 de Noviembre de 1991, únicamente un día después de anunciar públicamente que estaba enfermo de Sida.


El bebé Freddie con su madre, Jer. 
Foto: Koh Hasebe. Cedida por Planeta

Una vida dedicada a gozar, a ejercer el hedonismo. Así fue la existencia de Freddie Mercury. Nacido en Zanzíbar el 5 de Septiembre de 1946 bajo el nombre de Farrokh Bulsara, las autoridades del archipiélago tanzano siguen hoy sin reconocer la figura de su hijo más ilustre. 

Puesto que la homosexualidad atenta contra los preceptos morales islámicos, en la ciudad natal de Mercury, Stone Town, ni siquiera hay una placa que evoque su figura. En 2006 el dueño de un bar local decidió organizar un homenaje a Freddie para conmemorar el sexagésimo aniversario de su nacimiento, pero los gobernantes se lo prohibieron. “Asociar a Mercury con Zanzíbar degrada nuestra isla”, razonó entonces Abdallah Said Ali, responsable de la Asociación para la Movilización y Propagación Islámica.

A los siete años, el pequeño Bulsara fue investido oficialmente miembro de la confesión parsi o zoroastra, una comunidad procedente de Irán que cuenta con no más de 100,000 seguidores en todo el mundo. Paradójicamente, Queen es uno de los pocos grupos occidentales no censurados por el régimen islámico de Ahmadineyad, tan intolerante con los gays. Bulsara, al norte de Irán, es, de hecho, una de las ciudades sagradas de este credo.

Los parsis son de talante hedonista y aplican las llamadas Torres del Silencio. Según este precepto, los cuerpos de los fallecidos deben depositarse sobre unas rocas para que las aves carroñeras los devoren. De esta manera, los restos mortales no contaminan ninguno de los cuatro elementos básicos: Agua, aire, fuego y tierra.

La versión oficial sostiene que las cenizas de Mercury fueron derramadas en Noviembre de 1991 sobre el lago suizo de Saint Montreux, pero solo una persona sabe con exactitud si eso fue así. Y esa persona es Mary Austin, expareja de Freddie en la primera mitad de los setenta, su mejor amiga y la depositaria de gran parte de su herencia.

Austin y Mercury se conocieron en la boutique Biba, templo de la moda londinense, donde ella trabajaba y él compraba ropa siempre que podía. Se fueron a vivir juntos a una diminuta habitación de Victoria Road que alquilaban por diez libras a la semana. El baño y la cocina, de hecho, los compartían con otra pareja de inquilinos. En 1975, el cantante conoció a David Minns, ejecutivo de Elektra Records, y comenzó a llevar una vida abiertamente gay. Pero su amor por Mary no decreció. “Aparte de ella, no tengo ningún amigo de verdad. Solo dos seres me han dado tanto amor como yo a ellos: Mary Austin y nuestro gato, Jerry”, declaró.

En la segunda mitad de los setenta, ante las primeras insinuaciones sobre su auténtica sexualidad, manifestó: “Vivo la vida plenamente. Mi instinto sexual es enorme. Duermo con hombres, mujeres, gatos. Mi cama es tan grande que en ella caben cómodamente seis personas”. Solo en la siguiente década se permitió ser más explícito sobre sus preferencias: “Sí, soy gay. He hecho todas esas cosas. Soy tan gay como un narciso, queridos”.

Varios fueron los hombres relevantes que pasaron por la vida del artista. El joven chef Joe Fanelli (al que apodaba “Liza”) fue su novio entre 1978 y 1979, y tras la ruptura lo convirtió en su cocinero personal. Peter Freestone (“Phoebe”) también fue amigo y asistente personal tras un periodo de noviazgo. Freddie se consideraba una persona dominante y posesiva, aunque advertía: “Mimo muchísimo a mis amantes. Me encanta hacerles regalos maravillosos y caros, por mucho que al final acaben pisoteándome”.

Tampoco anduvo nunca escaso de autoestima nuestro protagonista. En cierta ocasión se descolgó ante un periodista con esta afirmación descacharrante: “Por cierto, no hay ninguna botella de cola metida aquí abajo, queridos míos. Mi manguera es de cosecha propia. ¡Es toda mía!”. Inmerso en una espiral de drogas y sexo durante los primeros ochenta, Mercury terminó sintiéndose tan triunfador e imparable como irremisiblemente solo. “El éxito me ha proporcionado millones de libras y adulación en todo el mundo, pero no eso que todos necesitamos: Una relación amorosa”, se lamentaba. “Fueron años en que solo era una vieja puta que se levantaba cada mañana, se rascaba la cabeza y se preguntaba con quién quería follar ese día”. Fue también entonces cuando adoptó su célebre bigote, inspirado en el del líder de Village People, Glenn Hughes.

Freddie Mercury no encontró el sosiego sentimental hasta que en 1984 conoció a Jim Hutton, el que sería su pareja ya hasta el final. Jim y sus muy allegados (probablemente, Mary Austin y los otros tres integrantes de Queen) fueron los únicos a los que Mercury informó, en la primavera de 1987, de que era cero positivo. Su enfermedad solo se hizo pública un día antes de su muerte. En los últimos meses, tal vez desalentado, Freddie dejó de tomar la medicación contra el sida que le llegaba desde Estados Unidos, a bordo del hoy extinto Concorde. Su muerte nos privó de un genio y dio paso al mito.

Supuso el fin de Queen (aunque en 1995 todavía se rescatasen grabaciones a medio concluir para el disco Made in Heaven) y frustró dos grandes sueños de Mercury: escribir un musical y promover una película sobre su vida. Freddie nos abandonó sin descendencia, aunque puede que este aspecto, en cambio, le importase bien poco. Obsérvese: “No me veo casado. Y si quisiera hijos, me iría a Harrods [los grandes almacenes londinenses] y me compraría uno. Sí, eso estaría bien. Iré a Harrods y lo compraré. ¡Si compras dos, de regalo te dan una niñera!”.

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